lunes, abril 10, 2006
La prohibición
Qué bueno, durante muchos años de mi vida he visto los ochenta como una época sin estilo. Esos pelos horrosos y voluminosos, esos vaqueros ajustados, esas greñas. Sin embargo, desde hace algunos meses los añoro.
Todo empezó cuando ví una película irlandesa, que por cierto me gustó mucho: Café Irlandés. Si duda alguna eran unos tiempos menos mezquinos. La gente bebía y fumaba y no se tenía que esconder por ello. Al mismo tiempo estaban los que cuidaban sus cuerpos y hacían deporte. Una cosa no quita la otra.
Ahora todo está prohibido. Fumar, beber en la calle. Salir más de las dos de la mañana. Y si quieres hacerlo tienes que reducirte a espacios "asépticos". Sí, quizá nuestra era no es la de la información sino la "era aséptica". El ser humano ha dejado de sudar, de decir tonterías y de comer sangrante carne, para tomar pastillas incoloras e insaboras y comer hojas de lechuga sabor diesel.
Y se prohibe todo. Está de moda. Los que hagan carteles de prohibición se tienen que estar forrando. Quizá, y esto reconozco que es un pensamiento a la deriva, es el señor Bush, dios omnipoderoso, el que tiene una fábrica de estas señales prohibitivas y se está forrando con ello.
No se puede beber en algunos restaurantes. ¡Qué barbaridad vender cerveza en un restaurante de comida rápida! ¡Qué barbaridad poder fumar en un vagón de tren para fumadores! ¡Qué barbaridad todo ese aceite en la comida! ¡Qué salvaje éste que no se ducha dos veces al día¡, ¡con lo que suda el cuerpo!
Tal vez sea una sensación personal, lo admito, y como tal la expongo. Pero tengo una sensación de que caminamos hacia esas escenas del cine futurista de ciencia ficción donde los hombres y mujeres caminan perfectos y deshumanizados. Como en esa película de Woody Allen donde aparece una máquina llamada orgasmatrón y hombre y mujer ni siquiera se tocaban en el acto sexual. Porque hasta éste parece ahora en peligro de extinción.
Vale, estoy exagerando, lo reconozco, pero hay algo de todo ésto en nuestra sociedad. Y un recorte de las libertades, tras ello.
En mi ciudad, repleta de jardines verdes se ven señales por todos ellos: "Prohibido pisar". ¿Para qué coño queremos bonitos y mullidos céspedes donde ni siquiera podemos tumbarnos a leer?, porque uno de los mayores placeres es también echarse una buena siesta en un parque: "Prohibido dormir en el césped".
Y ese banco cercano: "Prohibido beber en este parque". No podemos beber en ese parque: ¿y agua señor agente? El señor agente nos dirá: "depende del grado de sodio. No más del dos por ciento".
O en los museos: "prohibido grabar". O en los autobuses: "prohibido comer". O en las playas: "prohibido jugar con la pelota".
Que la fiesta continúe. Prohibamos todos a la una, a las dos y a las tres.
Todo empezó cuando ví una película irlandesa, que por cierto me gustó mucho: Café Irlandés. Si duda alguna eran unos tiempos menos mezquinos. La gente bebía y fumaba y no se tenía que esconder por ello. Al mismo tiempo estaban los que cuidaban sus cuerpos y hacían deporte. Una cosa no quita la otra.
Ahora todo está prohibido. Fumar, beber en la calle. Salir más de las dos de la mañana. Y si quieres hacerlo tienes que reducirte a espacios "asépticos". Sí, quizá nuestra era no es la de la información sino la "era aséptica". El ser humano ha dejado de sudar, de decir tonterías y de comer sangrante carne, para tomar pastillas incoloras e insaboras y comer hojas de lechuga sabor diesel.
Y se prohibe todo. Está de moda. Los que hagan carteles de prohibición se tienen que estar forrando. Quizá, y esto reconozco que es un pensamiento a la deriva, es el señor Bush, dios omnipoderoso, el que tiene una fábrica de estas señales prohibitivas y se está forrando con ello.
No se puede beber en algunos restaurantes. ¡Qué barbaridad vender cerveza en un restaurante de comida rápida! ¡Qué barbaridad poder fumar en un vagón de tren para fumadores! ¡Qué barbaridad todo ese aceite en la comida! ¡Qué salvaje éste que no se ducha dos veces al día¡, ¡con lo que suda el cuerpo!
Tal vez sea una sensación personal, lo admito, y como tal la expongo. Pero tengo una sensación de que caminamos hacia esas escenas del cine futurista de ciencia ficción donde los hombres y mujeres caminan perfectos y deshumanizados. Como en esa película de Woody Allen donde aparece una máquina llamada orgasmatrón y hombre y mujer ni siquiera se tocaban en el acto sexual. Porque hasta éste parece ahora en peligro de extinción.
Vale, estoy exagerando, lo reconozco, pero hay algo de todo ésto en nuestra sociedad. Y un recorte de las libertades, tras ello.
En mi ciudad, repleta de jardines verdes se ven señales por todos ellos: "Prohibido pisar". ¿Para qué coño queremos bonitos y mullidos céspedes donde ni siquiera podemos tumbarnos a leer?, porque uno de los mayores placeres es también echarse una buena siesta en un parque: "Prohibido dormir en el césped".
Y ese banco cercano: "Prohibido beber en este parque". No podemos beber en ese parque: ¿y agua señor agente? El señor agente nos dirá: "depende del grado de sodio. No más del dos por ciento".
O en los museos: "prohibido grabar". O en los autobuses: "prohibido comer". O en las playas: "prohibido jugar con la pelota".
Que la fiesta continúe. Prohibamos todos a la una, a las dos y a las tres.