jueves, junio 01, 2006

 

Esos jóvenes

Una vez leía un artículo en el que decían que el ochenta por ciento de los recién graduados estadounidenses tenían como meta profesional crear una empresa. En España este mismo ochenta por ciento marca como objetivo ser funcionario.

Viendo estas nada alagüeñas estadísiticas no causa sorpresa que vivamos en una país sin capacidad innovadora. Nuestros jóvenes valoran mucho más una vida tranquila y relativamente bien remunerada que el desafío de una vida empresarial.

Evidentemente hay varios factores que hacen que esto sea así. El primero, y tal vez más importante, es el cultural. Nos gusta vivir bien, no trabajar demasiadas horas, ir a casa para comer y establecernos definitivamente en un lugar. Somos sedentarios. Tampoco es que esto esté mal. Por educación, por historia y por otros miles de motivos somos menos ambiciosos que los americanos y que otros muchos países.

Otro factor también a tener en cuenta es la increíble calidad de vida de los funcionarios. Todos conocemos a alguno. Trabajan poco, ganan mucho y tienen un trabajo de por vida. No hay muchos países como España. Una secretaria funcionaria gana al menos un treinta por ciento más que una secretaria en el sector privado. Y así con casi todas las profesiones.

Y el último factor que quiero sopesar es la verdadera imposibilidad de crear una nueva empresa en España. Con estructuras económicas desengrasadas, con auténticos laberintos sin salida en busca de ayudas a la empresa, con mentalidades anacrónicas.

En España, si intentas crear una empresa y fallas en el intento, después te será más difícil aún reincorporarte al mercado laboral por cuenta ajena. Se penaliza la capacidad de superación. Esto sucede incluso en los trabajos por cuenta ajena. En muchas ocasiones el empresario prefiere contratar a gente peor preparada pero con menos aspiraciones. No se desea contar en la plantilla con gente entusiasta y con ganas de crecer sino con trabajadores que no den problemas y que acepten el mismo puesto durante años.

Bien, ¿y cómo cambiar todo este panorama? Muchos saben desde hace tiempo la solución y la gritan al viento con toda su fuerza sin que nadie, o muy pocos, les escuchen: se debe contruir un puente entre Universidad y empresa.

La investigación es España está a miles de años luz de productos rentables en el mercado. Por supuesto que está bien tener líneas de investigación más puramente científicas, pero también se debería invertir en innovación.

Los proyectos son truncados en las universidades. Miles de estudiantes realizan proyectos finales de carrera o tesis del mayor interés, y deben abandonarlos al finalizar sus estudios, dejando solamente un par de tomos de cien folios cada uno, una buena nota y un gran recuerdo. Necesitamos medios que tracen un puente entre esa tesis sobre visión artificial de ese estudiante y un producto económicamente rentable. Y ahí, al menos en los EEUU entran en juego los viveros de empresas, los fondos desde Venture Capitals, o las propias universidades.

No se detienen temerosos cuando hay que poner dinero, habiendo previamente valorado la viabilidad del proyecto. Éste es el hueco que existe en nuestro sistema de innovación, y mientras no haya empresas suficientemente emprendedoras deberían ser los fondos públicos los que lo cubran.

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